jueves, 13 de octubre de 2011

Más palo hasta despertar


Urge utilizar el episteme en las organizaciones educativas


Por: César Manuel Chapoñán Damián
Educador y comunicador social

“Estamos perdiendo la esencia misma de nuestra profesión, cual perfume se desvanece en la interacción con el aire”.


Nuestra educación peruana linda más con lo folclórico que con la aplicación del conocimiento científico y es que, en general, vivimos en la cultura de la “mototaxi” donde lo informal y la improvisación rigen, más aún, en la gestión escolar.

En lo que concierne al aspecto administrativo, existe una inadecuada gestión de los recursos y el talento humano. En el caso del ingreso a las labores escolares, no hay un verdadero control del horario. Solo te llaman la atención cuando no eres de la simpatía de los directivos o cuando en las asambleas asumes una actitud discordante y si, por el contrario, cumples con responsabilidad tu función ni siquiera se prevé un reconocimiento mínimo a tu esfuerzo demostrado.

“Adolecemos de una administración eficaz de los recursos humanos, los directivos no aplican la inteligencia social para mejorar las relaciones humanas tan deterioradas y la performance educadora de su personal”.


Es pertinente señalar que se necesita difusión y mejorar los canales de comunicación interna. La mayoría de docentes no conocen su reglamento interno y otros instrumentos de gestión, documentos tan vitales a tener en cuenta como componente de una organización.

En el aspecto institucional, los directivos aún adolecen de un modelo de gestión que contribuya a conducir la organización con efectividad. Se vivencia diariamente su falta de liderazgo que inspire a sus trabajadores y una comunicación asertiva. Otro aspecto palpable, es el exceso de confianza en las organizaciones y es que, en este contexto, el exceso de confianza es garrafal para la administración.

Referente al aspecto pedagógico, las programaciones se presentan solo por un mero trámite o justificación administrativa y no es producto de una verdadera reflexión de la realidad. Más aún, se olvidan de ella y se empieza a navegar por el mar de la incertidumbre y la improvisación. Un bien pensado plan de monitoreo permitiría diagnosticar e identificar esta situación para mejorarla.

“Nos estamos olvidando que somos pedagogos y expertos en metodologías: llegamos a las aulas y reproducimos las clases tal como si lo hiciera cualquier profesional sin nociones mínimas de pedagogía y didáctica”.


Cuesta decirlo, pero prima en nosotros los procedimientos rutinarios y el desgano por la innovación e investigación. Ingresamos al aula y nos olvidamos de las teorías pedagógicas contemporáneas, de las inteligencias múltiples, de los estilos y ritmos de aprendizaje, de los propósitos de la educación peruana, de las características de los estudiantes, de la neurociencia y de la investigación — acción. En otras palabras, se está educando de espaldas a los aportes científicos y de manera descontextualiza.

Si queremos una escuela pública que cumpla con su finalidad, urge aplicar el conocimiento sistematizado y recoger lo positivo del aspecto empírico. Si queremos una mejora en la educación, debemos escuchar el eco de las tendencias actuales y experimentar con ellas; de lo contrario, seguiremos educando en la informalidad, en la penumbra, esperando siempre a que alguien nos diga cómo hacer las cosas.

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